La primera persona con la que hable de política, fue con mí finado abuelo “Timoshenko”, asiduo lector de todos los diarios que circulaban en mi natal Empalme. Cuando el extraviaba sus anteojos, me ponía a leerle las editoriales, luego los encabezados, para después escoger la nota a la que le debía dar lectura en voz alta.
Sin duda es una de las cosas que mas agradezco de la herencia del patriarca, el gusto por la lectura y el interés en la política que esta actividad despertó en mi, pero también atesoro una serie de enseñanzas e ideas que el abuelo cotidianamente respondía ante las incesantes preguntas que le lanzaba, unas tras otras, de cosas que a mi corta edad no entendía de la política y los políticos.
Recuerdo que decía: “espero no morir antes de que el País cambie”; y en efecto murió después de la alternancia con Vicente Fox, pero decía que con Fox, “metimos reversa”, aseguraba que pese al cambio de colores las cosas seguían igual o peor que cuando el PRI, estaba en el poder.
Igual que muchos, “Timoshenko”, esperaba ver un cambio radical en la situación de México, el murió un poco antes de las elecciones federales del 2 de julio de 2006, realmente pensaba que el “Peje” iba a ganar, por que la gente ya le había dado la oportunidad al PAN y no le respondió.
Murió, pensando que el País cambiaria ese 2 de Julio, y en efecto cambio, mas no como el creía que seria.
Ese dos de julio, se marco para siempre la historia política del País, se destruyeron las pocas instituciones que tenían algún grado de legitimidad política: Empezado con la Presidencia de la Republica, pasando por el Ejército y rematando en el IFE.
Ese día, continuo la agonía de nuestro modelo de organización política, mismo que fue desahuciado el 2 de octubre de 1968, cuando el Estado se lanza contra sus propios ciudadanos, el cual ya ha tenido varios infartos, en las elecciones de 1988, el error de diciembre de 1994, y ahora el 2 de julio de 2006.
Este modelo de organización socio-política, aun con sus múltiples reformas “que han buscado mejorarla”, ha sido superado por la realidad, por la gente, por los partidos y por los grupos de interés económicos.
Sin embargo, hay quienes aun insten en la necesidad de “conservar”, en aras de la estabilidad política y paz social, el modelo actual de nuestras o lo sumo sus instituciones.
Urge, que a mediano y corto plazo los actores políticos y las fuerzas representadas en el H. Congreso de la Unión, inicien una profunda reforma al Estado y sus instituciones, y por que no, a nuestra propia Carta Magna.
Pero de manera prioritaria debe ser la reforma al sistema electoral y de partidos, por que en primera instancia bajo estas nuevas reglas se deberán elegir a los nuevos legisladores, que tendrán como tarea concretar, mejorar y profundizar estas reformas tan necesarias para el desarrollo ordenado de la Nación.
Para Rousseau, la desproporción natural en fuerza y potencia física, hacen desiguales a los hombres, y en este estado natural, impera el o los mas fuertes, pero el hombre civilizado, decide que los hombres sean iguales por convención o derecho.
Si nuestro andamiaje Constitucional y en general todas las Leyes, ya no representan esa convención política entre los mexicanos y si esta no se refleja en el derecho, el riesgo de violencia, fragmentación y regresión por la falta de legitimidad en “nuestras” leyes y en “nuestras” instituciones es muy alto.
Los que seguimos con detenimiento los dos últimos informes presidenciales, hemos visto que el ritual presidencialista ha llegado a su fin. Hay quienes aseguran que ha muerto esta ceremonia, y ha nacido otra, pero no es así, lo que ha muerto es la actual institución presidencial, lo que significa que nuestro sistema político se ha engangrenado, por que esta muriendo en partes.
martes, 11 de septiembre de 2007
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